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 Notas de un genocidio vampirico

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AutorMensaje
NanaBells
Admin de los Caídos
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Jue Jul 30, 2009 2:39 pm

La cálida sangre que antes fluía por mi herida se había secado. Ahora era fría, dura y negruzca. El dolor había menguado, pero ahora resultaba más molesta. Mi cuerpo estaba apoyado sobre una pared húmeda y álgida, con los brazos ligeramente alzados, debido a que estaban sujetos por unas esposas. //Plata… como no//. Aquel era el motivo por el que la herida no estaba completamente cicatrizada. La plata dificultaba, entre otras cosas, mi proceso de cicatrización.

Permanecí en silencio, con los ojos cerrados, como si siguiera inconsciente. Sentí unos pasos que se acercaban. Me bastaba mi fino oído para saber todo lo que sucedía. El inquilino era un hombre, un hombre asustado. Por el olor era indudablemente vampiro. Se acercó a la verja, y tragó saliva. Temeroso, abrió silenciosamente el calabozo y se metió en su interior. Si siguiera dormida, no le escucharía. Pero por muy cuidadoso que fuera, despierta, podía escucharlo todo.

El vampiro se acercó lentamente. Sentí como una ola que me empezaba a agarrotar el cuerpo. Había venido a rodearme de plata, para que cuando despertase estuviera incapacitada. Se agachó a un escaso metro de mí, con un sudor frío recorriéndole la frente. Colocó el primer amuleto y se desplazó para colocar el segundo, aún más cercano que antes.

No le dio tiempo a reaccionar. Me abalancé sobre él y le perforé todos los órganos de la caja torácica. Sus pulmones dejaron de respirar y el corazón dejó de latir. Por su torso se empezó a derramar aquel fluido, cálido, espeso, oscuro…

No era nada del otro mundo, pero gracias a su sangre mi herida se recuperó del todo, y tuve unos pocos segundos de sobre poder para destrozar las cadenas con el arma del guardián.

Me aparté corriendo de estas, huyendo de aquel terrible elemento. Apoyada en el extremo más alejado de la mazmorra me recuperé del todo. Observaba la escena mientras. Las plateadas cadenas se iluminaban con la luz tenue de la antorcha. En el lugar en el que me encontraba antes, se encontraban las dos manchas de sangre, una más oscura y ya seca y otra reciente. Con indiferencia, empecé a grabar la escena en el suelo de la cavidad.

Escuché unos pasos que se dirigían hacia mí, esta vez más cautelosos y ágiles. Me oculté tras las sombras y observé la entrada. No me hizo falta ni mirar el rostro de la persona para reconocer quien era. Él. Su olor.

Aquel joven miraba la escena desde la entrada, ocultando su perplejidad con una máscara de frialdad. La verja seguía abierta pero él no dudó ni un segundo.

- Sé que aún sigues aquí. - afirmó con seguridad, poniendo un pie en el calabozo. Su fría mirada se giró hacia donde me encontraba.

- Sabía que no te engañaría fácilmente a ti - le contesté con una sonrisa perversa – aunque no por ello dejo de pensar que no es muy inteligente por tu parte ponerte a mi alcance – dije emergiendo de las sombras.

Nuestras miradas se cruzaron. Sentí como el corazón se aceleraba y una corriente eléctrica se paseaba por todo mi cuerpo. Aun así, mantuve mi fachada indiferente y la sonrisa pícara.

- No te tengo ningún miedo. - respondió relajado, avanzando un paso en mi dirección.

- Deberías tenerlo.- avancé yo otro paso, y nuestras caras quedaron a un escaso metro, debido en su mayoría por la diferencia de estatura.

De repente, un fuerte estruendo rompió aquella atmósfera. Sentí el intenso olor de Beleth acercándose velozmente por el pasadizo. El joven dio un sobresalto, como si de repente le hubieran gritado.

En pocos segundos la vampiresa se encontraba en frente de nosotros. Su mirada, ya llena de ira, se transformó en pura furia. Mis oídos zumbaron. Sentí un gran estallido y lo siguiente que pude ver fue la luna sobre mí.

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"La única forma de vivir,
es aprender a convivir con uno mismo.
"
"La vida vuela... y más con cabrones por nuestras carreteras."
Jérôme 11/10/09 --> Siempre en nuestros corazones.
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NanaBells

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Luna
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Jue Jul 30, 2009 6:24 pm

Los pasillos oscuros, habían sido derruidos, donde antes estaba un muro, ahora se mostraba un jardin, con sus pastos verdes, bañados de rocío, mientras la luna brillaba en su esplendor, iluminando el rostro de Alessa.

Las heridas habían sanado. La sangre de cualquier vampiro, bastaba para sanar en su cuerpo. Seria bastante útil si yo tuviera esa cualidad, pero por mas que lo anhelara, jamas la iba a tener.

Me había pasado con la destrucción del edificio. Toda la parte baja lateral, estaba practicamente derruida.

Kei me miro, mostrando una sonrisa; a el le causaba mucha gracia que a veces no controlara mis poderes, si tan solo el supiera....

-¿De nuevo celosa, Beleth?- comento divertido

Lo ignore y me acerque al cuerpo tumbado de ella. Sus rizos estaban desordenados, y sus parpados cerrados, pero al momento de acercarme, los abrió, he intento tomarme por el cuello.

De ella solo veía olas de furia, tristeza, soledad. Por un instante quise inclinarme y abrazarla, confortarla.

Pero su mano estaba en mi cuello y comenzó a apretar...

Mire a la nada, mientras las olas de furia, y de venganza, la mantenían quieta, sin poder moverse. Coloque su brazo a un costado suyo, y una mirada vidriosa me indicaba que me escuchaba, apesar de no verme.

-Escuchame con atencion. En este momento, eres incapaz de moverte. Si quisiera te aniquilaria. Pero me eres util. Se que quieres aniquilar a los vampiros, pero desde tu posicion ahora no es posible. Nos persiguen a los tres. Nos podrias ser de utilidad, eres fuerte y agil, no como los otros experimentos. Pero odio estarme cuidando la espalda y se que no me serias leal... pero podriamos alcanzar nuestro objetivo comun-

La mirada de Kei, me rebelaba que no podía creer lo que estaba haciendo. Usualmente, dominábamos a nuestros ayudantes, haciendo que perdieran toda voluntad y deseo. En cambio, le ofrecía a Alessa algo mas, le daba la posibilidad de que fuera una igual, y le daría poder para lograr su objetivo.

Alessa no se movió, apesar de a ver recuperado el movimiento. Me levante y comencé a reconstruir el muro. Los ladrillos y piedras, comenzaron a volar alrededor, mientras se acomodaban en su sitio. Alessa se levanto y me miro.

Sus pensamientos eran confusos, pero lo que necesitaba ahí estaba, claro y definido.

-se que me traicionaras- me voltee hacia ella, mientras la ultima piedra volaba y se colocaba en su sitio- No espero mas de ti Alessa

-No seré tu esclava- su voz sonó temerosa y a la vez desafiante

Me di la vuelta y empece a correr. Había llegado la hora de marcharnos de aquí.
Kei me tomo del brazo, mientras Alessa intentaba darnos alcance.

''Por que hiciste eso, creí que querías matarla'' sus pensamientos estaban incrédulos, los vampiros no suelen cambiar de opinión, pero a veces, el olvidaba lo esencial.

''Las cosas cambian''
El extraño sentimiento, apareció de nuevo, pero esta vez, mientras lo miraba, lo domine lo mejor posible.

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~Gracias Erea, por la firma de mi marido~



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Xane
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Jue Jul 30, 2009 6:57 pm

"Las cosas cambian..."
Sí, claro que cambian. Seas vampiro o humano, nada es eterno. Todo es efímero.
Incluso nosotros. Había tenido muchas oportunidades a lo largo de mi vida de aprender aquello.
Alessa nos dio alcance. De pronto sentí como si mi brazo hubiera estallado en llamas y me giré bruscamente. La mano de Alessa estaba sobre mi brazo. Sin pensar, aparté mi brazo bruscamente. Su contacto quemaba. Aunque no tenía claro que tipo de fuego era...
Nos miramos a los ojos, inmóviles, evaluándonos. Hasta el aire entre nosotros pareció detenerse.
- Qué hacéis. - se escuchó la brusca voz de Beleth.
Me giré hacia ella y la miré friamente.
- No veo por qué debería interesarte.
Había llegado a un punto muerto. No sabía nada que pretendía Beleth. No sabía por qué yo mismo seguía allí. Hacía tiempo que mi existencia había perdido su sentido. Pero siempre había algo que hacer, sabía lo que vendría a continuación. Ahora no, y no me gustaba sentirme perdido.
Beleth me miró con una mezcla de sorpresa y algo más... ¿aprensión? No podía ser. Si esa era en verdad la emoción que se reflejaba en sus ojos... algo tenía que ir muy mal.
No podía evitarlo y me odiaba por ello, pero no me sentía capaz de dejarla sola, no mientras supiera que algo no iba bien.
- Si tu decides no contarme nada, yo también seré una tumba. - me reí de la palabra que acababa de utilizar. Tumba. Hacia tiempo que había muerto. - Sino me incumben tus asuntos, tampoco te incumben los míos.
- Kei...
- Simplemente, dime que haremos ahora. No podemos quedarnos aquí.
- Kei...
- O nos encontrarán y nos matarán.
- Kei...
- ¿Quieres dejar de decir mi maldito nombre?
Alessa tenía la mirada fija en Beleth, pero era impenetrable. Aquello se estaba volviendo insoportable.
Me adelanté y seguí caminando.
- Conozco el lugar adecuado donde refugiarnos por el momento. Quien quiera seguirme que lo haga. No voy a esperar.
Estaba aburrido de que Beleth siempre llevara las riendas. Si quería que me quedara a su lado, por esta vez... iba a tener que seguirme ella a mí.
Me di la vuelta, y miré a Alessa como si mis ojos hubieran sido atraídos por un imán.
Di un paso atrás y me desvanecí entre las sombras.

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Luna
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Jue Jul 30, 2009 7:30 pm

Alessa avanzo hacia el dejándome en medio de la oscuridad.
El tenia razón de enfadarse si no quería confiarle nada. Desde el principio, hubo un acuerdo mudo. Seriamos compañeros de viaje, pero cuando alguno decidiera irse, no era necesario avisar. Hasta ahora, jamas habia pasado que Kei o yo nos hubieramos alejado tanto tiempo.
Me habia cuidado, protegido, desde el instante en que me converti en vampira.
Me habia ayudado a controlar mi don.

¿Y ahora?, el se iria. Pronto. Lo senti implicito en sus palabras. No deseaba estar mas conmigo. Lo habia rechazado en mas de una ocasion. Y ahora, el se iria, lo mas probable con Alessa.

Yo me lo habia buscado. Le habia robado sus anhelos e ilusiones. Estaba vacio.

No me dejaria, jamas.

Sentia un impulso que le incitaba a cuidarme.

Ya le habia hecho bastante daño-....
Por lo que lo dejaria ir.

Mientras seguia sus pasos en la oscuridad. Miraba el suelo, mientras las consecuencias de haber inmovilizado a Alessa y acomodar las piedras, se marcaban en mi piel.

Los cortes, eran poco profundos, pero lo suficiente para que la sangre saliera.
Aun no me recuperaba de los golpes de Viktor y ya estaba aquí otra vez.

Mire mi brazo sangrante, mientras el dolor se extendía.
Pero no era solo físico. Y pronto, perdería mas que sangre.

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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Vie Jul 31, 2009 3:22 am

Aquella situación era realmente extraña. Había comprendido que en aquel instante no tenía ni voz ni voto para opinar. Por otra parte, tampoco era tan malo. Acabaría con otros vampiros antes que Beleth. Al fin y al cabo, eso no cambiaba mucho los planes, y me beneficiaba estar con ellos.

Sin embargo, ahora la pareja estaba discutiendo. No entendía bien que pasaba. Solo me quedó claro que aquel hermoso vampiro se llamaba Kei.
El motivo por el que Beleth me necesitaba era por que les perseguían. Pero ahora él se había artado de seguir su sombra.

- Conozco el lugar adecuado donde refugiarnos por el momento. Quien quiera seguirme que lo haga. No voy a esperar.

No dudé ni un instante. Le iba a seguir. En aquel momento, mi cabeza pensó por si sola //Te seguiré hasta el fin del mundo…//. Me descubrí, siguiéndole, hipnotizada por sus movimientos. A pesar de que era un vampiro, su olor no me desagradaba. Me miró de reojo, con un poco de repulsión, como si le molestara. El silencio era tenso.

- ¿Por qué la has tratado de esa forma? – comenté con indiferencia.

- No creo que sea de tu incumbencia. – me contestó bruscamente.

- Pero… ella… te gusta ¿no? – esas palabras me dolieron – Sois pareja, ¿me equivoco?

Esperaba que él me contestara agresivamente, que soltara una evasiva para zanjar la conversación. Pero no fue así. Se paró en seco. Su mirada se perdió entre recuerdos, como si le hubiera hecho la pregunta más difícil de su vida. Me miró con la cabeza ladeada.

- Solo somos compañeros… - miró atrás en la profunda noche – Éramos. – se corrigió, al ver que su compañera no nos seguía. Me miró de nuevo a mí. – Ya no estás bajo la influencia de Beleth. ¿Por qué me sigues?

- No lo se, realmente. – era cierto. ¿Por qué le seguía? – Bueno, tú mismo has dicho que quien quisiera, que te siguiera. Así que ahora mismo no tengo otro destino a donde ir.

Levanté mi cabeza y nuestras miradas se cruzaron. No sabía que decir. Estábamos tan cerca que mi cuerpo quemaba. El latir de mi corazón era agitado. ¿Lo podía percibir él? Definitivamente, espero que no. Sus ojos seguían siendo fríos, pero ya no eran hostiles no repulsivos, no tanto al menos. Eran verdes. Un verde intenso como el bosque…

- Verdes… - un pensamiento fugaz pasó por mi mente.

- ¿Qué?

- Verdes, tus ojos son verdes.

- Ya. ¿Y?

- Como los de ella… - exacto. Me había olvidado completamente de Esmeralda, mi pantera. La ira recorrió mi cuerpo y me abalancé sobre él agarrándolo del cuello de la camisa - ¿Dónde está? ¡¿Dónde está Esme?!

Kei me miró aún perplejo. Le costó unos pocos segundos relacionar el sentido de mis palabras. Separó firmemente mis manos de él.

- Sigue en el castillo. Vamos a buscarla.

Mientras caminábamos ágilmente, pude notar como le había divertido mi reacción al darme cuenta de que nos habíamos olvidado de la pantera.

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Xane
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Vie Jul 31, 2009 5:47 pm

Su cara de pánico al darse cuenta de que se había olvidado de la pantera había sido realmente graciosa. ¿Tanto se había distraido...? ¿Con qué? Preferí no comentar nada al respecto.
- Por aquí.
Alessa me siguió son dudar.
- Es sorprendente la poca vacilación que muestras para seguirme - comenté. - Y bastante incauta diría yo.
- No tengo otra opción. - contestó ella simplemente.
- Cierto. - murmuré.
Nos adentramos por los pasillos de los calabozos. Todo estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Me detuve de golpe y me pegué a la pared, arrastrando a Alessa conmigo. Con una simple mirada a mis ojos comprendió que algo no iba bien y se pegó contra la pared a mi lado, en completo silencio.
Pasos.
Pasos sigilosos, que no querían ser descubiertos. Ningún guardia del calabozo se molestaría en hacer eso. Pero mi oído había tenido mucho tiempo para desarrollarse hasta límites insospechados. Ningún ruido, por mínimo que fuese, se me pasaba por alto.
Me asomé con cautela por la esquina y entre la profunda oscuridad avisté dos figuras que se movían en la oscuridad. Le hice un gesto a Alessa indicándole que eran dos. Vampiros.
No eran de los nuestros.
Nos deslizamos en silencio por el corredor por donde habían desviado los dos vampiros. Con un gesto a Alessa los dos nos deslizamos detrás. Acechándolos.
A una señal, en el mismo instante los dos nos lanzamos contra ellos.

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Luna
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Sáb Ago 01, 2009 9:44 pm

Cuando llegue a donde ellos deberían de estar, me encontré con el vacío.
Nada. Se habían ido.

La soledad que de pronto me embargo fue tan intensa, que parecía que empezaría a gritar con desesperación.

Todo se estaba desbocando, como un caballo en una carrera. La situación se me estaba llendo de las manos y en un tiempo demasiado corto. A este paso, perdería el control completo de mi don en pocos días. Y me quedaría sola, como cuando humana.
Me sentí completamente acabada. Derruida.

Percibí el rastro de la energía y de su aroma. Estaban volviendo atrás. Pero no me buscaban a mi, si no a la pantera.

Vaya, de pronto, la pantera había ocupado mi lugar.

Pero no podía culparlos. Había intentado utilizarlos, sabiendo el riesgo que conllevaba.

Las ráfagas de viento llegaron con rapidez, junto con el aroma de vampiros y alguna criatura más.
Me puse en pie con rapidez, mientras desenvainaba la espada y me preparaba para el ataque.

Unos cuantos vampiros se acercaron con lentitud, mostrando parsimonia, orgullo. Eso y sus mentes antiguas, me revelaron que su tiempo en la tierra había sido largo. Pero no tanto como el de los que deseaba aniquilar.

-Vaya, te ha dejado- comento la líder, una vampira de tez oscura y brillantes ojos negros.
Tras ella, los demás, formaban una comitiva aterradora. Y si ellos sabían mis puntos débiles, puede que saliera lastimada.
Pero no permitiría que mis temores fueran expuestos en mi rostro; que se mantuvo sereno.

-Han llegado pronto- comente, fingiendo una indiferencia que no sentía
-Perdimos la señal de Viktor, por lo que pensamos que lo habías destruido ya-

-¿Señal?, ¿a qué te refieres?- señal… ¿qué quería decir?

Me lanzo un aparato pequeño, de apenas unos centimetros de longitud, microchips y circuitos resaltaban con facilidad.
-un chip capaz de localizar a un vampiro converso..., aun estamos desarrollando uno para vampiros puros, ya que su sangre es más fuerte, por lo tanto, reacia a aceptar organismos ajenos al organismo- comento sonriendo, mientras mostraba su dentadura, que resaltaba en su piel oscura.

Se acerco unos pasos más a mí, mientras que apuntaba mi espada a su cuello.
-Te aniquilare con que des un paso más- mi voz destilaba fuerza, y desafío.
El silencio reino mientras la tensión, hacia mis músculos, junto con mi cabeza, comenzaron a palpitar de dolor.
-Tus brazos están heridos- mientras su mirada se posaba en mi cuerpo, al principio evaluándome, después, volviéndose lujuriosa, mientras sus ojos se volvían rojizos por el aroma de la sangre reseca.

-Necesitaras grandes cantidades de sangre de hada o de demonio, para sanar eso, los cortes son muy profundos- mientras tomaba el brazo con el que empuñaba-Además, si mal no recuerdo, esta espada es de uno de los nuestros-

La furia broto libremente, y no intente contenerla. Sonreí dulcemente, mientras su rostro se descomponía de dolor y comenzaba a revolcarse en la tierra.
No solo podía sanar o reconstruir, también podía destrozar, y con mucho sufrimiento.

Los demás vampiros se acercaron a ayudarla, mientras me daba media vuelta y avanzaba.

-Sabemos la cura para tu don- comento con voz entrecortada, y de la nada, supe su nombre, Solange.
-¿Que has dicho?- mientras no me molestaba en ocultar la sorpresa. Mientras me daba la vuelta con lentitud.
Ella estaba sentada, frotándose las sienes con rapidez y los ojos cerrados.
-Hemos descubierto la cura a tu don- dijo con voz pastosa.

No diría más. Fije mi mirada en su cabeza, derrumbe los muros que separaban mi mente de las demás, mientras buscaba en sus pensamientos, la respuesta de su frase.
Pero ahí no había nada. Como si el pensamiento hubiera sido arrancado de tajo.

-No lo sé, si es lo que buscas-
Había cerrado mis ojos sin darme cuenta, por la búsqueda tan profunda que había hecho. Cuando los abrí de nuevo, ella me miraba con diversión y a la vez con un rastro de confusión.
-¿cual es el mensaje?-pedí mientras el cuerpo de un hada, era arrojado hacia mi.
Un cuerpo pequeño y frágil, que se encontraba bajo un hechizo o tal ves , bajo el efecto de un veneno. Era un hada, joven, puro y poderoso.

-Que te unas a nuestro lado...- Levante la mirada. El comentario salió de una vampira de cabello castaño, alta y espigada, de unos 300 años.

-Me están pidiendo que traicione a Kei...- comente, sonriendo

La vampira castaña se acerco y por alguna razón, no representaba un peligro para mi.
Me miro con dulzura y dolor. Me compadecía.

-sabemos que se marchara. No desea estar más de tu lado. Es un fugitivo y durante años, tu lo has conducido al poder y a la riqueza. Sin ti, no es nadie.- Sus palabras me enfurecieron, mientras, con la espada, apunte la espada hacia su corazón.

Pero se deslizo en mi mente, incapacitándome.
Esa técnica la había utilizado muchísimas veces, pero jamás alguien había podido hacérmelo a mí.
Alcé los muros, y la mire con asombro total, sin vestigio de indiferencia.

-soy como tu-

Mientras miraba con asombro, las cicatrices que asomaban sus brazos....

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Última edición por Luna_Volturi el Sáb Ago 08, 2009 8:59 am, editado 1 vez
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NanaBells
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Vie Ago 07, 2009 11:47 pm

Él era... tan increíble... tan seguro... tan fuerte... su miada fría tenia un mínimo matiz de dulzura... él. A pesar de todo el riesgo que corríamos me estaba acompañando a por mi pantera. "No tengo otra opción". Mentira. Tenía muchas opciones, pero ninguna me valía, porque yo lo que quería era seguirle hasta el fin del mundo.

Caminabamos ágiles pero silenciosamente por los pasillos. De repente desperté de mi trance cuando Kei me empujó hacia la pared con él. El corazón me dió un vuelco. //que no lo escuche... por favor.// Aquél músculo, tan iportante, que me daba la vida, me estaba jugando una mala pasada yendo tan desbocado. Pero él parecía más ocupado en escuchar al enemigo que a mi emocionado corazón.


Me motró con signos que habían dos vampiros, dos y que no eran amigos. Solo la idea de que a Esmeralda le pudiese pasar nada... Olvidé todos los pensamientos anteriores y volvió mi instinto asesino.

Al señal de Kei me lancé sobre mi oponente. Sujeté su boca con la mano y le retorcí el cuerpo. Mi intención no era matarlo con mis manos, sino con mi sangre. El vampiro mordió mi mano y tragó el fluido que brotaba de la herida. En pocos segndos el veneno le desrozó el cuerpo.

Me giré para ver como estaba Kei, para ayudarle. Pero me encontré con su rostro a escasos centímetros del mio.

- ¿Estás bien? - preguntamos al unísono. Me empecé a reir y creí atisvar una leve sonrisa contenida en su frio y hermoso rostro.

Observé el estado de su enemigo. Le había partido el cuello completamente. Su sangre brotaba lentamente.

- No deberías desperdiciarla - le dije.

- Tú estás herida - comentó e hizo ademán de cojer la mano sangrante.

- ¡No la toques! - grité alejandola de él. Su cara se quedó perpleja. - Es... peligroso - intenté suavizar.

- ¿Porqué? - preguntó con un tono n poco opresivo.

Divagué sobre la respuesta que podía darle. Entonces ví una enorme caja donde parecia estar Esme. Ignorando la pregunta, me acerqué corriendo hacia ella. Estaba en el interior, pero no daba señales.

- La han dormido - susurró Kei a mi lado. Era muy sigiloso, y siempre me causaba sobresaltos. Parecía concentrado, como si escuchase a alguien venir - Deberíamos irnos ya - giró el rostro - parece que serán otros los que se beneficíen de nuetros amiguitos.

Se inclinó un poco más y cargó a la pantera en brazos. No parecía costarle ningún esfuerzo. Observaba concentrado el pasillo. Incluso yo podía oir yo los pasos de quien estubiere viniendo.

- Ella no es peligrosa, ¿verdad? - me pregunto con un tono neutro.

- No, para ti no.

- Luego quiero que me expliques todo eso. Con todo detalle, ¿he quedado claro?

Afirmé con la cabeza y le seguí ágilmente por las sombras de la noche. Con un completo desconocido, con una amiga desconocida, hacia lo desconocido... aquella noche iba sin plan, dejándome llevar. No sabía lo que tocaría ahora. Por primera vez en mi vida, mi futuro no estaba estratégicamente organizado.

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Xane
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Vie Sep 04, 2009 4:16 am

Eché a correr. De repente, no sabía por qué, sentía urgencia por alejarme de allí. De todos aquellos muertos... de Beleth.
No sabía el que, pero presentía que algo había empezado a cambiar. Y no quería estar cerca de Beleth cuando ese cambio se completara, fuera lo que fuera.
Alessa me siguió. Mi velocidad no era la de siempre, ya que cargaba un peso muerto en mis brazos. Corrimos durante mucho tiempo, a una velocidad que nos hacía invisibles para los humanos.
Y alcanzamos la costa. El océano apareció ante nuestros ojos, enormes acantilados e islotes de rocas enormes poblaban el mar embravecido.
- Es aquí - susurré.
- ¿Ya hemos llegado? - preguntó Alessa a mi espalda. Sus ojos reflejaban el cansancio que no revelaba su cuerpo.
- Espera aquí. - le dije,
- ¿Aquí? - frunció el entrecejo.
- Solo será un momento. - y sin más me desvanecí con la pantera en brazos.
Me aseguré de que Alessa no me seguía, y me escabullí entre las rocas de los acantilados, descendiendo... hasta que encontré lo que buscaba. Una pequeña cueva. Me acerqué al fondo y deje con suavidad a la pantera en el suelo.
Pegué las manos a la roca que hacía de la pared del fondo de la cueva y cerré los ojos. Cuando un vampiro vivía tantos años, conseguía un poder más allá de lo que era perceptible a los sentidos. Aquella puerta tenía un sello. Un sello que solo yo o alguien que igualara mi poder podía abrir.
Y volví al único lugar al que verdaderamente podía llamar casa. Acogido entre rocas y arrullado por el sonido del mar, aquel lugar era lo que ahora reconocía como mi hogar.
¿Y estaba a punto... de dejar entrar en él a una desconocida?
Me deshice de esos pensamientos. Ahora mismo sentía que no tenía anda que perder.
Acomodé a la pantera en una de las camas de la única habitación que había.
Y regresé junto a Alessa.
- ¿Y Esme? - fue lo primero que preguntó.
- Descansando cómodamente. Dormirá durante unas horas.
La miré un momento, pensando que hacer.
- ¿Qué? - increpó ella.
Me acerqué a ella velozmente, y antes de que pudiera retroceder la alcé en brazos.
- ¿Pero qué...?
Con una mano firme pegué su cabeza contra mi pecho, impidiéndole la visión.
- Atrévete a intentar ver algo y eres mujer muerta.
No respondió.
Cuando finalmente estuvimos dentro, la liberé, y ella me miró fijamente durante un momento.
No me quedó muy claro que pretendía esa mirada.
- Hermoso. - murmuró ella.
- Es solo una cueva. - repliqué alzando una ceja.
- Se escucha el mar.
- Allí hay un pasadizo que conduce a donde la piedra se abre al mar, puede verse desde allí.
- ¿Y Esme?
- En la otra habitación, tras ese arco.
- Bien.
- Me debes una explicación, creo recordar.
- Cierto. - suspiró ella. - Por donde comenzar...
En pocas palabras me dijo lo que era. Un ser asombroso. Asombroso... y letal.
-...mi misma esencia es la que me destruye. - terminó.
Me estaba contando todo sin dudar, lo letal que podía ser para mí, sus puntos débiles...
- ¿Y si yo ahora usara todo lo que me has dicho contra ti?
- Cargaré con la responsabilidad de mis actos. - respondió simplemente.
Increíble. Hacía tiempo que no me encontraba a alguien así.
- ¿Estaremos a salvo aquí? - me preguntó
- Hasta que se ponga el sol de nuevo sí. Puedes descansar tranquila durante el día. Cuando vuelva a caer el sol será otra noche diferente y las circunstancias pueden cambiar, pero eso no lo sabremos hasta que llegue.
"Otro infierno más."
- Ve con ella - le indiqué hacia donde estaba la pantera. - Yo dormiré aquí.
Alessa asintió y se fue. Me seguía sorprendiendo que se fiara de mí tan facilmente.
"Yo dormiré aquí."
Gracioso. Hacía años que ya no dormía. La sola presencia del sol había dejado de debilitarme. Podía pasarme el día en la oscuridad, hundiéndome en la monotonía...
Me deslicé por el pasadizo hasta que pude ver el mar, y me senté allí, observando ese océano infinito de tristeza.
Sin darme cuenta el sol comenzó a salir, obligándome a regresar a la oscuridad de la cueva.
Pero un mismo pensamiento siempre acababa volviendo a mi mente.
"Beleth, estoy esperándote. Seguiré aquí."
"Hasta que vengas a por mí."

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Luna
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Sáb Sep 05, 2009 5:18 am

Las nubes se movían con rapidez extraordinaria, grises y negras, cargadas de agua.

Los detalles, ver todo con una perfección tan deslumbrante, que podías mirar la misma cosa horas y horas; era todo parte de ser vampiro.

Arrodillada, parecía que pedía una plegaria.Se habían marchado tal y como habían llegado, en silencio.

Una gota de lluvia cayó en mi nariz, deslizando por mi mejilla. Pronto, una sucesión de gotas continuaron su suave baile de descenso, y se confundían con mis lágrimas. Definitivamente, estaba volviéndome una llorona de mierda.

Mi consuelo, era que definitivamente, nadie me observaba.

Mi alma, me gritaba que no lo hiciera, que estaba llegando demasiado lejos. Pero, ¿qué más podría hacer? Nada, más que esperar.

Me levanté, y el lodo manchaba completamente mis jeans, y mi blusa, completamente empapada. Pillaría un resfriado, es lo único que me faltaba,.... eso y que Kei se liara con Alessa...

-Ohhh ¡mierda! es verdad!- grité enfadada Hasta que no se fuera definitivamente, el seguía siendo mío.
Corrí, luchando contra la fuerza que me impulsaba a huir lejos, de todo. Escuchando las leves pulsaciones de las mentes, mientras yo las ignoraba por completo. Dentro de nada, llegue a la costa.
La tormenta estaba desatada, mientras las olas, salvajes, chocaban contra las rocas de la orilla. El aroma de ellos, aun era fresco...

Atravesé la suave cortina de agua, que formaba la cascada.

El paisaje era una obra de arte, junto con el sonido calmante del agua, mas mojada no podía estar.

Y ahí estaba el, con su cabeza recargada en la pared de la cueva, sus parpados cerrados. ¡Dios!, él era el único que era capaz de dormir de una forma tan... pacifica, hermosa.
Como si de un ángel se tratara.

Podía ser lo bastante cuidadosa como para poder acercarme sin despertarlo. Con suavidad, procurando no mover ninguna de las rocas que había en el suelo. Me arrodillé enfrente de él. Y coloque mi mejilla en donde latía su corazón. Rápido, y fuerte. Recargue mis manos en su pecho, sintiendo el subir y bajar de su respiración.

El calor de su cuerpo, me sumio en un estado de duermevela.
-Me encontraste- susurró y no sabía cuanto tiempo había pasado, y su cuerpo calentaba el mío.

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NanaBells
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Sáb Sep 05, 2009 3:22 pm

Kei se llevó a la pantera con él entre las rocas, dejándome sola en la noche. El mar susurraba entre las olas, como un manto negro de reflejos plateados. En el horizonte, como si se tratara de un barco fantasma, encendida en llamas, la luna roja emergía de las aguas.

//El amanecer de la luna//. Había oído hablar de cómo era, pero esta era la primera vez que lo veía realmente. De una forma bella, mágica, la esfera que empezaba ya a menguar ascendía por el firmamento, tiñendo las olas de carmesí.

Hundida en mis pensamientos, dejé que mi rostro se refrescara mientras la brisa salada, húmeda y fresca lo rozaba. Con forme pasaban los minutos la luna cambió de color hasta adquirir su conocida tonalidad marfil, devolviendo el tinte plateado a las arrugas del mar. Y poco a poco, esa luz nocturna se hundió en otro mar, un mar de negras nubes y amenazantes.

Entonces regresó Kei. El tiempo que había pasado sin él se me había hecho eterno, aunque realmente, había sido corto.

– ¿Y Esme? – dije intentando sonar dura.

– Descansando cómodamente. Dormirá durante unas horas. – contestó con tranquilidad. Se quedó mirándome, pensativo.

– ¿Qué? – De repente, se acercó velozmente y me alzó en vilo sin que pudiera hacer nada. – ¿Pero qué…? – sentí como su mano empujó mi cabeza contra su pecho, dejándome a oscuras.

– Atrévete a intentar ver algo y eres mujer muerta. – y acto seguido empezó a caminar.

Cerré los ojos y me dejé llevar. Era tan cálido. Incluso si estaba serio, tenia una faceta de delicadeza.

Al llegar al interior de la acogedora cueva, le expliqué todo lo que tenía que saber sobre mí. Parecía sorprendido de que le contara todo, incluidos mis puntos débiles. Pero quería que lo supiera, quería que confiara en mí.

Me indicó un lugar donde podía descansar. Me dirigí hacia la cama donde reposaba Esmeralda y me tumbé junto al felino. Escuché los pasos de Kei, saliendo de la cueva. Cerré los ojos y suspiré. Escuchaba el susurro del mar, que poco a poco empezó a ser un bramido más fiero. El goteo de las nubes y algunos truenos. El olor a tierra mojada se mezcló con el salitre.

Me preocupaba que se mojara. ¿Le gustaba la lluvia? Bueno, si no era así, siempre podía entrar y refugiarse. Pero tal vez le incomodaba mi presencia.
Empecé a dar vueltas en la cama. Intentaba poner todos mis sentidos, escucharlo todo, olerlo todo. Pero estos, jóvenes, aún se estaban formando. Y con la intensa tormenta, solo era capaz de escuchar la lluvia y los truenos y oler la humedad y la sal.

Pasaron los minutos, incluso creo que alguna hora. Cansada, me levanté de la cama. No podía dormir. Puede que pudiera conversar un poco con él.

Pero al llegar a la salida de la cueva, toda mi percepción empezó a cambiar. Escuché las voces de una conversación, demasiado apagada e inteligible debido a la lluvia. Pero lo que pude identificar claramente, fue su olor. El olor de esa mujer. Beleth.

Salí de la caverna y los vi a la entrada de la cueva, demasiado cerca. //Aléjate de él//. Ambos, se percataron rápidamente de mí.

– ¿Tú no te habías ido? – la miré vacilante, con la mirada encendida en llamas de ira. Se levantó de golpe preparada para atacar. Pero yo no moví ni un músculo. Seguí en mi postura natural, con la cabeza ligeramente inclinada y una mano en la cadera. – Beleth, no tengo intención de luchar con tigo. – intenté que mi voz sonara mas suave, ocultando mis celos. – Como has dicho antes, podemos llegar a un objetivo común, – avancé dos pasos abriendo los brazos. Tenía la mala manía de gesticular demasiado cuando hablaba – no tenemos porque matarnos – pero mi mente no pudo evitar agregarle el “aún”. – Ambas estamos en la misma situación. Bueno, los tres lo estamos. Somos fugitivos, y matamos a cualquier vampiro que se nos ponga por delante sin escrúpulos. ¿Qué dices?

– ¿Por qué diablos iba confiar en ti? – me contestó entrecerrando los ojos. Pero no pude evitar sonreír ante esa respuesta. Ahora tenía localizado su punto débil.

– No tienes que confiar en mí. Confía en él – señalé con un golpe de cabeza a Kei y volví a mirar esta vez más seria a Beleth, avanzando un poco más, quedándome a dos metros de ellos. – Le he contado todo. Mis puntos débiles también, así que…

Beleth miró perpleja a Kei, y este le asintió con la cabeza. Me di cuenta que me estaba perdiendo una conversación mental. Pero mientras el objetivo fuera positivo, no importaba. Avancé unos pasos más, hasta ponerme frente a ella.

– Entonces… – alargué mi brazo, con intención de que estrechara mi mano. Ella la miró dudosa. – Tranquila, no estoy herida, no pasará nada. – intenté forzar una sonrisa. – ¿Trato hecho?

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Luna
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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Dom Feb 21, 2010 6:43 pm

''No pienso confiar en ella'' estaba MUY molesta, por que tenía que traerla con el?
''Vale, entonces matala en la primera oportunidad'' me respondió Kei pacientemente
''No soy una cobarde, para matar a alguien por la espalda''
''estoy seguro que ella sabe bien que tu la traicionarás. y puedo asegurarte que estará preparada''

Lo dudo. Pensé para mí
La situacion había cambiado, pero que más daba, si el resultado podía ser el mismo.

Kei... había encontrado a alguien que lo seguiría. Y eso ya no me enfadaba.

Solo podía pensar, en el alivio que sentiria, cuando mi maldición fuera aniquilada.

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MensajeTema: Re: Notas de un genocidio vampirico   Miér Ago 11, 2010 3:22 am

Volvían a hablar entre ellos pero, aunque no fuera capaz de leer mentes, podía imaginar con total exactitud que debían estar hablando. Sabía que Beleth no confiaba en mí y que tarde o temprano me traicionaría. Pero también era consciente de que era una mujer muy inteligente, manipuladora y calculadora, y esta era una oportunidad de oro para usarme como un peón incondicional, sin tener que toparse con el escollo de mi imprevisible carácter.

Hasta ahora, ella ya había aprovechado la situación y me había dejado matar a Barjack. Pero lo que no había previsto era que me interesaría por Key, cosa que la había puesto furiosa. //Sólo has vuelto movida por los celos, zorra.// Pero tenía que serenarme. Si quería vencerla en un futuro, debería empezar por aprender de ella. Aprender a manipular las situaciones, como ese en ese mismo instante.

Por fin Beleth me devolvió la mirada, altiva y osada como siempre, y me estrechó la mano.

– Está bien – se veía claramente desconfianza en sus palabras, pero también la seguridad de que lo tenía todo bajo control –. ¿Y bien? ¿Qué propones?

– Para empezar, pongamos todos los puntos sobre las íes – le sonreí. Esta situación realmente me divertía –. Soy un arma letal. Tu arma, a partir de este momento. Pero eso no significa que no vaya discutir cada puesta en escena, porque la que se va a jugar la vida seré yo. Seré tu peón, porque tú estás débil y eres la mejor organizadora, pero no seguiré tus órdenes si no estoy de acuerdo.

– Razonable – dijo con tranquilidad.

– Está bien. Según me ha dicho Key, esta noche este sitio ya no será un lugar seguro, por tanto tenemos que buscar un objetivo ya y dirigirnos con urgencia. Particularmente tenía algunos enemigos pensados, pero dado que tú tienes más información, ¿por dónde crees que deberíamos empezar?

Beleth miró hacia el infinito, y se quedó meditando. La situación, tensa hasta entonces, se calmó. Desvié la mirada hacia Key, quien se había mantenido al margen de nuestro pacto. Volvía a estar recostado contra la pared, mirando como el sol surgía desde las aguas y le robaba el protagonismo a la luna, aún recorriendo su trayectoria en nuestro firmamento.

La noche anterior había admirado aquel paisaje cubierto de penumbra. Ahora, pese a estar aún un poco cubierto de nubes el cielo, podía ver los hermosos colores que ofrecía el paisaje. La arena, fina y clara, parecía hecha de oro blanco y las aguas del mar, de una tonalidad turquesa que se iba aclarando conforme se acercaban hasta ser cristalinas, acariciaban la costa dulcemente. La vegetación era seca, pero los arbustos y matas de color verde intenso incluso llegaban a sumergirse en el mar. Realmente era una pena tener que dejar aquel lugar tan hermoso.

De repente, un bulto negro cayó delante de la obertura, rompiendo nuestro trance. Nos pusimos en guardia los tres ante la amenaza, aún sin pararnos a pensar que era lo que realmente había aparecido de encima de nuestras cabezas.

Fue entonces cuando reparamos en el juguetón movimiento de la cola negra y vimos los verdes ojos de Esme reluciendo. La pantera había saltado des de las rocas superiores que construían el techo de la caverna. De su boca colgaban dos enormes liebres que habían tenido la mala suerte de caer en sus fauces.

Los tres miramos perplejos al animal y la habitación en la que se encontraba antes, hasta entender la situación y echarnos a reír. Era la primera vez que nos encontrábamos tan relajados juntos.

Esme había pasado por delante de nosotros justo mientras debíamos estar negociando. Lo preocupante de todo esto era que, si realmente no habíamos sido capaces de ver como salía a cazar, éramos realmente vulnerables.
– Parece que la mascota ya sabe ir a buscar su comida sola – comentó Beleth.

– Tiene nombre.

– Lo sé, perdona – se disculpó sin dejar de mirar al animal. Tras una breve pausa, me volvió la mirada con una expresión seria en el rostro de nuevo –. Lo he estado pensando y es nuestra mejor opción. No está muy cerca de aquí, y seguramente tendremos que hacer varias paradas por el camino, pero la ruta nos facilitará una huída sin rastro para que no nos persigan. Ero y Verit.

No era la primera vez que escuchaba esos nombres. Ero figuraba en la lista de mi creador y Barjack comentó en alguna ocasión algo sobre aquella peculiar pareja. Algo que podía sernos relevante y que en ese momento no era capaz de recordar.

– Si pensáis ir a buscar a Ero y a Verit será mejor que marchemos cuanto antes – dijo Key, callando su silencio –. Están lejos, pero tienen muchos contactos y no tardarán en recibir noticias de nosotros. Y si les llegan antes que nuestro ataque, no habrá forma de atravesar su fortaleza.

Key estaba conforme con el plan de Beleth. Y eso me bastaba para estar conforme yo. No importaba despedirme de aquel hermoso paisaje ni de mis días de sicaria solitaria que me habían conferido tantas victorias. Era hora de cambiar. De volver a los lugares más sórdidos, de los que provenía, de regresar a las ciudades del norte. Y esta vez lo haría acompañada por mi mayor aliada, mi peor enemiga y mi amor incondicional.

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